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Proyecto Falla infantil Jesús-San Francisco de Borja 2017, de Ramón Solaz

Ramón Solaz desvela la falla infantil que va a plantar en Jesús-San Francisco de Borja y que tiene por lema «Tempòrea».

BOCETO FALLA INFANTIL JESÚS-SAN FRANCISCO DE BORJA

ARTISTA: RAMÓN SOLAZ

LEMA: TEMPÒREA

Hace muchos, muchos años, el mundo estaba sumido en el desorden y la anarquía. Fue entonces cuando Ananké, la diosa de lo inevitable, y Chronos, el dios del tiempo, cruzaron sus caminos.

De repente, la luz del sol logró abrirse paso entre las tinieblas y los iluminó despojándolos del anonimato de la oscuridad. Fue sólo un instante, un cruce de miradas. Algo lo suficiente fugaz como para pasar inadvertido al resto del mundo y, sin embargo, lo suficientemente profundo como para que ellos se dieran cuenta de que todo había cambiado. Se habían enamorado.

Juntos, crearon su propio mundo huyendo de la hostilidad que les rodeaba. Un cielo azul que sólo lloraba cuando se encontraban en el interior de su hogar, acurrucados bajo una manta en el sofá. Una tierra que crecía fértil y verde allá por donde pasaban, sobre la que disfrutaban de paseos y días de picnic. Un mar azul, profundo y hermoso como los sentimientos que se profesaban el uno al otro. Allí eran felices. Allí el mundo se detenía.

Pero, poco a poco, fueron dándose cuenta de que el paso del tiempo era inevitable. Fueron madurando, creciendo y fortaleciendo su amor. Aprendieron a cuidar el uno del otro, a complementar sus personalidades, a ser su mutuo amparo en los momentos de penuria.

Como muestra andante de la infinita fidelidad y amor que se tenían, los otros dioses decidieron enviarles a su perro Argos y lo colmaron de cuidados y atenciones tanto como cuidaban y atendían su amor.

Sin embargo, llegó un momento en el que los actos, las palabras… todo se quedaba corto para expresar lo que sentían. Su amor era tan intenso que, cada vez que cerraban los ojos y respiraban profundamente, se sentían flotar sobre una nube de felicidad. Había llegado el momento, estaban preparados.

Y así, poco a poco, en la nube les fueron acompañando los frutos de su amor, unos revoltosos y adorables pequeños que pusieron su mundo patas arriba. Con ellos, su vida había dejado de ser una idílica postal de pareja. Ahora tenían que compartir todos y cada uno de sus momentos con los pequeños.

De repente, todo había cambiado, todo estaba del revés, todo se había convertido en un alocado y ruidoso desastre y, sin embargo, no eran capaces de recordar momentos de tanta felicidad. Habían formado una familia.

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