Suiza ha celebrado una jornada fallera que ha culminado con la cremà de la falla realizada por Iván Parra.
Agradecimiento a Rosa-Maria Marco-Guardiola, secretaria de la asociación de Fallas en Suiza, por la crónica y las fotografías.
El 2 de mayo quedará grabado en nuestra memoria como un día verdaderamente especial. Celebramos las Fallas en Suiza bajo un sol radiante que parecía acompañar y bendecir cada momento de la jornada. Desde primera hora, una multitud impresionante fue llegando, llenando el ambiente de vida, alegría y entusiasmo. Era evidente que no podíamos haber imaginado un día mejor.
Todo contribuyó a hacer de esta celebración algo único: la calidez de la gente, las sonrisas sinceras, los gestos de agradecimiento, la deliciosa comida, los espectáculos llenos de energía, la cuidada decoración… cada detalle sumó para crear una experiencia perfecta. Y, por supuesto, los músicos, que con su talento y pasión pusieron la banda sonora a un día inolvidable.
No faltó absolutamente nada: disfrutamos del tradicional agua de Valencia, de la emocionante globotà, de la esperada plantà y de un castillo maravilloso que iluminó el cielo. El momento más simbólico llegó con la cremà de la falla, una obra extraordinaria del artista Iván Parra, que puso el broche final a una jornada cargada de emoción y significado.
Fue, además, un día de profunda emoción para todos, lleno de sentimientos intensos. Pero especialmente para el presidente, Philippe Tagliaferrii, quien desde el primer momento vivió la jornada con gran intensidad y no pudo evitar emocionarse en varias ocasiones a lo largo del día, reflejando el enorme esfuerzo y el cariño invertidos en este proyecto.
Otro de los momentos más intensos se vivió cuando falleros de la falla Avinguda 18 de Juliol de Sueca acudieron vestidos como marcan las tradiciones, para agradecer personalmente al comité de Suiza el trabajo realizado durante todos estos años. Fue un gesto lleno de significado, que emocionó profundamente a todos los presentes y que quedará para siempre en el recuerdo de aquel día.
Sabemos que nunca han sido ni serán como las Fallas de Valencia, pero todo lo que hemos hecho, por pequeño que parezca, ha nacido del corazón. Con ilusión y esfuerzo, hemos querido llevar esta fiesta más allá de nuestras fronteras, pensando especialmente en todos los valencianos que viven en Suiza y en dar a conocer la belleza y la tradición de una celebración tan especial a la gente de aquí.
El éxito fue rotundo. Nunca antes habíamos reunido a tanta gente, y esa respuesta es, sin duda, la mayor recompensa. Es el reconocimiento a diez años de esfuerzo, dedicación y cariño puestos en este proyecto. Esta última edición de las Fallas en Suiza ha sido, sin duda, el mejor broche final que podíamos desear.












































